jueves, septiembre 27, 2007

Matrimonio y vacaciones

El matrimonio debe construirse piedrita a piedrita, ladrillo a ladrillo, poniendo tu mejor esfuerzo y ánimo en los detalles.

Es como tomar vacaciones: la perspectiva es bonita y relajada, pero hay que poner atención y esfuerzo en los detalles, hay que planear de antemano: el equipaje, el hotel o dónde quedarse, transporte, comida, aparte de anticipar gastos hay que llevar dinero disponible para todos los pequeños imprevistos que surgen.

La recompensa es disfrutar lo que se tenía en perspectiva: momentos bonitos y relajados.


Es igual en un matrimonio (o cualquier clase de compromiso parecido): la perspectiva de compartir la vida con la pareja que uno ama o quiere o con la que se siente uno a gusto es muy bonita y cómoda: abacho y becho, muchas caricias y apapachos, incluso las deliciosas promesas del sexo.


Pero para llegar ahí hay que preparar el terreno de la confianza y el cariño: muchas veces la pareja necesita apoyo moral aunque uno esté totalmente destrozado y alicaido; muy frecuentemente se necesita la prescencia física de uno aunque generalmente ya la mente de uno esté en la camita. Casi siempre se necesitan negociaciones y acuerdos cuando lo único que tenemos son imposiciones y riñas.

Los hombres tenemos una perspectiva muy física del amor y el romance, y las mujeres tienen una perspectiva muy espiritual; ambos quieren ver cumplidos sus sueños y espectativas, pero si ninguno es capaz de ceder un poquito de terreno, nadie podrá disfrutar del objetivo que se tenía planeado desde el principio: un matrimonio feliz.


Los besos y el sexo y los apapachos sí son un derecho de la pareja, pero no se puede gozar de un derecho si no se está dispuesto a cumplir las obligaciones.


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