jueves, diciembre 27, 2007

La maquinaria del pensamiento.

Bienvenido hijo mío, bienvenido a la máquina.
¿Qué has soñado?
Está bien,
nosotros te dijimos lo que debes soñar.

-Pink Floyd


No sé ustedes, pero para mí es inimaginable el horror de pensar que todos pensáramos igual, con los mismos gustos, las mismas aversiones, las mismas afinidades, las mismas locuras y manías, los mismos sueños y pesadillas.

En muchos sentidos todos los humanos somos iguales, por lo menos semejantes: en nuestra forma física o morfología; todos tenemos 4 extremidades, un tronco, cuello y cabeza (el que se tenga alguna falta o falla en las extremidades o en alguna parte del cuerpo por accidente, enfermedad o mutación genética es irrelevante, después de todo tienen morfología humana). Todos compartimos la misma fisiología (o por lo menos tenemos una fisiología muy semejante), todos tenemos que comer, beber agua y respirar aire porque funcionamos a base de agua y oxígeno, sudamos, necesitamos excretar desechos orgánicos, tener sexo, etc.

Pero a la hora de comparar nuestros pensamientos, todos nuestros basamentos morales, nuestros sentimientos, nuestras expectativas a futuro, comprende uno que la variedad y libertad de pensamiento es lo valioso; la libertad de conciencia, la amplitud de nuestra alma para albergar diversos gustos, aversiones, sentimientos, afectos y disgustos es lo que nos hace valiosos ante nuestros semejantes, es lo que hace que nuestro brillo interior, nuestros colores verdaderos, asomen al mundo real.
Cuando alguien o algo nos dicta nuestros sueños, nuestros deseos, nuestras expectativas, es cuando nuestra mente deja de pertenecernos, pasamos a ser meros apéndices de los deseos de otro.

Todos sabemos que cuando se nos imponen cánones, modelos o arquetipos morfológicos (cómo debemos o deberíamos vernos) o fisiológicos (cómo deberíamos sentirnos, lo que deberíamos comer o cómo estar saludables), el resultado es la frustración, el enojo y la insatisfacción; pero cuando se nos imponen o “sugieren” cánones morales y/o filosóficos (lo que se supone que es bueno/malo, lo que se supone nos conviene/daña, etc.) el resultado es la estandarización del pensamiento, el tener nuestra alma del mismo color que los demás, es entregar nuestra mente y consciencia a alguien más que piensa y decide por nosotros, que nos dice lo que es bueno y nos dice si nuestro pasado y presente vale la pena o no, si nuestra existencia es valiosa y bonita según..., lo que opina la mayoría, lo que esté de moda, lo que esté “in”.
Aceptar estas imposiciones morales es caer en el borreguismo, la mediocridad y la falta de criterio, se crea una estandarización tan horrible que se pueden construir máquinas para procesar humanos: si todos piensan igual, se puede construir una anuncio donde TODOS obtengan el mismo mensaje, en donde a TODOS se les cree la misma necesidad, que TODOS tengan el mismo deseo, el mismo sueño y deseen el mismo futuro.

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